Fallece Eulalio Ferrer

Fallece en México el patrono de honor de la Fundación Bruno Alonso, D. Eulalio Ferrer Rodriguez, luchador por la libertad, igualdad y justicia… un hombre bueno.

Pese a mi intención inicial de dejar para más adelante el escribir sobre Eulalio Ferrer, la verdad es que no me he podido negar cuando me han preguntado por alguien –como él tan próximo en muchas cosas. Tan querido y admirado por mí. Fui el último de entre sus amigos, el más reciente de ellos; pero juntos hemos vivido momentos de emoción intensa, de esos que marcan un antes y un después en la existencia de cada uno. Y juntos también hemos pasado muchas tardes conversando mientras, desde el ventanal de su casa santanderina, paseábamos la vista por el ir y venir de barcos en la bahía.

Con estas credenciales, después de muchas horas de escuchar a Eulalio, de aprender de su sabiduría y de disfrutar tantas veces de su generosidad ilimitada, podría parecer una empresa difícil resumir lo que fue y lo que hizo. Sin embargo, no es así; el recuerdo emocionado me facilita las cosas.

Fue la suya una existencia prolongada y plena. Enormemente enriquecedora. Es lo menos que se puede decir de alguien que pasó de ser chavaluco santanderino a filántropo mexicano y, además, periodista, activista político, soldado en el frente del Ebro -capitán del Ejército, “mi capitán” como yo le llamaba cariñosamente-, exiliado, prisionero, “transterrado”, empresario, escritor, académico, mecenas… En fin, componentes fundamentales de una historia que le irían transformando, como las fuertes corrientes de nuestros ríos hacen con los cantos rodados, en el Eulalio Ferrer que yo conocí: sólido y sin aristas. Cada uno podrá destacar, desde su propia perspectiva, un aspecto u otro de una personalidad tan compleja como la de él. Por mi parte, yo me quedo con la firmeza de sus principios y su hombría de bien.

Porque no son muchos, o diferentes, los “Eulalio Ferrer”: son la misma persona en circunstancias distintas. Hay un hilo conductor en su larga historia, una línea recta de lealtad a unos principios que son sustancialmente los mismos que inspiraron a históricos socialistas de principios del siglo XX. Como es el caso de su propio padre, Eulalio Ferrer Andrés.

Desde el triunfo, la fortuna, la notoriedad o el halago, qué fácil debe ser el padecer –como los montañeros- el “mal de altura”, embriagarse y contemplar el mundo dando vueltas, mientras se convierte en algo borroso y sin apenas referencias. Eulalio Ferrer era un hombre de profundas convicciones que ni olvidó sus orígenes ni perdió por el camino aquel caudal de honradez, trabajo, compromiso, generosidad y tolerancia que pronto aprendió de sus mayores, de aquel “proletariado militante” –tomo prestado el título de un libro de Bruno Alonso- que sólo era intransigente con la injusticia.

Pero Eulalio Ferrer era, sobre todo, un hombre bueno. Ejecutivo, exigente con sus colaboradores –también lo era consigo mismo-, impaciente a veces; pero tierno y amable.

Nunca le escuché hablar mal de nadie, ni siquiera de sus más despiadados adversarios, a quienes, en más de una ocasión, y soy testigo de ello, pagó bien por mal mientras me repetía que “no es posible vivir con rencor en el corazón”. Respetuoso con todos, agradecido ante cualquier gesto de deferencia que pudiera recibir, fue siempre un hombre de acuerdo, de diálogo.

Puede ser que la bondad y la firmeza en las convicciones no sean en la actualidad unos valores en alza. Y estoy seguro de que Eulalio Ferrer, entre sus muchos méritos, tenía otros tan importantes como éstos. Pero me han pedido que diga lo que siento, lo primero que me venga a la cabeza, por más que ésta se encuentre un poco aturdida ante la pérdida de mi amigo, y los que han brotado son todos éstos que hablan de un hombre bueno y cabal. Así recordaré a Eulalio Ferrer, ese fue el Eulalio que yo conocí, “con quien tanto quise”.

Jesús Gutiérrez Morlote.


27/03/2009 • Eulalio Ferrer Rodríguez, escritor y mecenas exiliado.

26/03/2009 • Lalio, en el recuerdo.

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